TIEMPOS DE UNA ARTISTA

13880-2.jpgLa  vedette negra Josephine Baker reinó en los escenarios del mundo y, en especial en los del París de sus amores. Genial artista falleció el 12 de abril de 1975

Más allá de su deslumbrante belleza, de los costosos trajes de lentejuelas y plumas, de su auténtico arte había en Josephine Baker un extraordinario ser humano que luchó por un mundo mejor.

LA PLATANITOS

En su primera visita a Cuba, en 1950, a la célebre vedette negra norteamericana Josephine Baker,  le negaron hospedaje en el Hotel Nacional por el color de su piel.  Un empleado con órdenes estrictas, le comunicaba:

-Señora, estamos en plena temporada turística; no disponemos de una sola habitación.

Era la excusa de la gerencia, que se negaba  a dar alojamiento a  la artista  por ser negra. Estalló el escándalo en la prensa y Josephine, con toda la majestuosa dignidad de la que siempre hizo gala, se hospedó en otra instalación  más modesta.

En añorado viaje, llegaba a nuestra capital. Durante cinco semanas la artista llenó el Teatro América. Cantó números de su bien seleccionado repertorio acompañada  por su esposo Jo Bouillon, violinista y director de orquesta. Demostró su talento dramático al personificar a María Estuardo de Escocia, como lo hiciera en el Follies Bergere de París.

Si algo la personificaba era el cinturón de platanitos que colgaba en sus caderas. En una de las funciones alguien desde una butaca le gritó:

-¿Y los Platanitos?

A lo que rápida contestó:

¡-Me los comí cuando la guerra!

La Baker sufría otro atentado a su dignidad cuando en 1953, el empresario Goar  Mestre le cancelaba el contrato de la CMQ, luego de alegar que ella  canceló  en dos ocasiones la fecha de su debut.

La vedette lo atribuía a un problema político debido a su campaña contra la discriminación racial.

DE NUEVO EN LA ISLA

Desde aquella primera vez mucho tiempo pasó; ahora, Josephine retornaba a Cuba, en 1966, como invitada especial de  la Conferencia Tricontinental. Esta vez trabajó en el teatro Amadeo Roldán, viajó a Camagüey y  tres mil personas la aplaudieron a rabiar en un campo deportivo. Incansable,  visitó la Sierra Maestra, donde saboreó el olor de los viejos cafetales franceses de la Gran Piedra…y, sobre todo, entró en contacto con el pueblo, y este paisaje humano la deslumbró.

El actor Carlos Ruiz de la Tejera, quien la acompañó  en su gira por Cuba, me contó:

“La Baker captó la esencia de la cultura de su época y la reflejaba en los espectáculos que hacía. Utilizaba textos de los mejores poetas, canciones que hablaban del amor, de la vida. Luchó mucho contra la discriminación racial y, por su combate contra los fascistas,  le otorgaron la Legión de honor de Francia.

“La recuerdo con su simpatía, con su amor a la humanidad. En su viaje a nuestra Isla trajo a sus hijos adoptivos, uno de los cuales recogió, según me contara, en un latón de basura. Estar junto a la Baker confirmó muchas de las ideas que yo tenía de lo que debe ser un artista: cómo es la concentración, cómo prepararse psicológicamente antes de una presentación en público. Entre función y función, ella hacia una serie de ejercicios para relajarse y mantenerse en forma: por eso tenía 60 años y conservaba una figura, una agilidad realmente envidiables.

CAMINOS DE UNA VIDA

En Saint Louis, Estados Unidos, nació en 1906.Hija de una familia muy pobre se apasionó desde niña por el baile; a los ocho años hace sus primeras presentaciones. En plena adolescencia actúa en el New York Music Hall y en el Plantation Club de Harlem, donde crecen sus triunfos. La contratan  para figurar como estrella en la Revista Negra y París se rinde emocionado ante el arte de la Baker, que revaloriza el género de la vedette.

Con su espectacular danza de los platanitos, los llevaba colgados de las caderas, revoluciona las noches parisienses y se convierte en artista exclusiva de los Folies Bergere. Se inicia como cantante en el cabaret Chez Josephine  y estrena su revista Paris qui remue. Dos canciones, que dan la vuelta al mundo, la consagran: J´ai deux amours y La petite Tankinoise.

Filmó varias películas, entre ellas, La princesa Tan Tan, con música de su entrañable amigo, el compositor cubano Eliseo Grenet.

LUCHAR SIN TREGUA

Josephine Baker emprendió una de sus últimas batallas en Les Milandes, el viejo castillo francés, donde educaba a sus 13 hijos adoptivos y del que el propietario intentaba echarla por retraso en el pago del alquiler.

Al final, enferma, casi muerta de frío, hospitalizaron a la vedette dueña de un sueño hermoso: crear  la escuela universal de la fraternidad. Hacía muchos años el proyecto había echado a andar: La Platanitos se convertía en madre de huérfanos de diferentes  nacionalidades, a quienes quería educar sin prejuicios de raza, credo o religión.

Su mayor deseo era fundar un centro  donde 400 niños de todas partes del mundo aprendieran a vivir como verdaderos hermanos. Un capítulo de la vida de Josephine se había cerrado dramáticamente y sus esperanzas por el momento quedaban truncas.

Regresa a los escenarios que iluminaba con su mirada. Contra  la injusticia, la Baker volvía a reinar en las noches de París.

“Vuelvo al teatro por mis hijos. Muchos dicen que es una locura mía, siendo vieja y rica este retorno. Soy vieja y el retorno es una imprudencia  ¡Pero es que no soy rica! Soy pobre y tengo que mantener a mis hijos”.

Actúa en la revista del teatro Bobino para celebrar sus 50 años en el mundo del espectáculo; se la ve animosa, sonriente, pero su corazón no puede soportar las fatigas, todos los dolores, las emociones vividas en los últimos tiempos, y muere de una congestión cerebral. Falleció el 12 de abril de 1975.

ASÍ  LA VIO CARPENTIER

Nuestro Alejo Carpentier en una crónica aparecida en Social en 1931, se refiere  al encuentro de Moisés Simons y la Baker, en París. De ella dice:

Basta charlar  un instante con Josephine Baker para comprender cuántas búsquedas, cuántos ensayos, cuántas horas de desaliento, suelen preparar la cristalización  de uno de sus números…

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