CUANDO LA RUMBA LLAMA

celesteTodo comenzó en Santiago de Cuba  cuando Celeste Mendoza  arrollaba como la primera tras la conga de Los Hoyos porque ya la música vibraba por su cuerpo. Este 22 de noviembre se  cumple otro aniversario de su muerte

Sus ojos de gacela son luz en la noche que se estremece  con el gozoso repiqueteo de los cueros. Mírala, marcar  el compás, Celeste es la conga de Los Hoyos. Ahí está, arrollando como la primera  entre los cuerpos sudorosos,  que llenan de  ritmo las calles. Tal vez, en esa lejana fecha de su adolescencia empezó a tejerse  la leyenda de quien sería una de nuestras más grandes rumberas, la indiscutible Reina del Guaguancó.

VIVIR LA VIDA

De Santiago de Cuba,donde ella nació,  la familia se instaló luego en La Habana. La mamá soñaba un destino mejor para la hija. Pensó  en el corte y costura y hasta en un puesto de mecanógrafa en una oficina.

Lo primero que hizo fue presentarse a un programa de aficionados. Cantó El Marañón y recibió muchos aplausos, pero en la selección final al preguntarle el animador del espacio Germán Pinelli, que número había interpretado se puso muy nerviosa y dijo: Pónme la mano aquí…Se hizo un profundo silencio y Celeste sintió que, por  aquella vez, todo estaba perdido.

Hizo pareja de baile con  su primo Jorge Beltrán   y se presentaron en un cabaret de la playa de Marianao; lo que aprendió le sirvió  más tarde para integrar la compañía del Teatro Martí.

Con sus 105 libras y unos inmensos deseos de triunfar llegó a Tropicana la santiaguera Celeste Mendoza, nacida bajo el signo de Aries el 6 de abril de 1930.En ese gran cabaret, gracias al coreógrafo Rodney hizo imitaciones de Carmen Miranda, la de los enormes turbantes y Josephine Baker,  vedette norteamericana que enloqueció a París con su danza de los platanitos en la caderas.

Celeste además integró  un cuarteto con su hermana Isaura Mendoza, Omara Portuondo y Gladis León, dirigido por Facundo Rivero. Ella, acompañada por  la orquesta de Ernesto Duarte, se presentó como solista en el espacio Alegrías de Hatuey, en Radio Progreso.

En 1953, debuta  en el programa de televisión Esta noche en CMQ, dirigido por Joaquín M.Condall. Interpretó la ranchera  Qué me castigue Dios, del mexicano José Alfredo Jiménez, en tiempo de guaguancó y arrebató a todos. A la mañana siguiente el teléfono de la  planta no paraba: el  público quería saber  quién era la muchacha que cantaba con tanto sabor. A partir de ese momento, Celeste inició su triunfal carrera.

Cuando Rita Montaner, tan exigente en sus juicios, la descubrió, expresó: “Al fin veo una verdadera artista cubana que expresa en lo vocal y lo coreográfico, con  espontaneidad sin dobleces nuestra música popular folclórica..!Es La Reina del Guaguancó!. Y con ese título que define su maestría en el género, Celeste continuó brillando.

Su vida estuvo muy ligada a la del Benny Moré, a quien consideraba su hermano, juntos actuaron en memorables ocasiones contratados por el cabaret Sierra o en el Alí Bar. Noches de infinita bohemia que enternecían a los enamorados cuando la voz melodiosa del cantante se volvía reclamo: “ Perdón, perdón, cariño santo/ perdón por haberte abandonado…Siempre había en los ojos de Celeste un asomo de viva luz cuando hablaba de El Bárbaro del Ritmo al que evocaba de muchas formas. El Benny llegando a la capital cubana con la mirada sorprendida y envuelto en el aroma de  las frutas, pues había viajado de “polizonte” en un camión desde Santa Isabel de las Lajas, su pueblo natal; El Benny con su sonrisa abierta y el triunfo en la voz, los pantalones sujetos por tirantes, el sombrero  y su inseparable bastón meciendo el aire como la mejor de las batutas; El Benny gastando bromas que ella luego repetía como la anécdota de que en su finca el lajero llamaba a los animales por el nombre de sus amigos más queridos y a la puerquita le puso Celeste.

Recordaba como tiempo después su perrito, al que nombraba Benny, había sido arrollado y muerto el mismo día del deceso del cantante.

La insuperable intérprete de nuestra música quien llevó al guaguancó los géneros cubanos y latinoamericanos  hizo giras por Panamá, Venezuela, Estados Unidos, México, España, Puerto Rico,  Japón…De mucho éxito fue su viaje con el Music Hall a Europa en 1965. En la capital francesa, se presentó en el Olympia, y fue apoteósico. Las ovaciones recibidas  la hicieron llorar varias veces. El cantante Roland Gerbeu,  presencia muy querida en Cuba, la visitó en su camerino y le dijo emocionado: ¡Eres la dueña de París!

De aquel  memorable viaje, Celeste guardaba  fotos, afiches con su rostro que ríe y, en especial, imágenes que su corazón no quería olvidar porque “ todo fue realmente maravilloso”.

La artista filmó varios documentales del ICAIC, las películas Tin Tan en La Habana y Nosotros la música, de Rogelio París. Grabó  discos en los que hay números clásicos de su repertorio como aquellas rancheras guaguancoseadas o  Papá Oggún, del maestro Ignacio Piñeiro y Muere la Luz, de Miguel Matamoros. Uno de sus últimos CD lo grabó con el grupo Sierra Maestra y fue delirio en Japón. En 1998, en la Feria Internacional CUBADISCO fue galardonada junto a Los Papines por el disco El reino de la rumba. Cuando vivía nuevos momentos de esplendor en su carrera la sorprendió la muerte el 21 de noviembre de 1998.

Con sus engalanadas batas de vuelos, los zapatos de altos tacones, el turbante azul que se confundía con nuestro cielo, Celeste fue auténtica expresión de lo cubano.

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