LA EMPERATRIZ DEL BLUES

220px-bessiesmith3Tenía una voz subyugante; a veces, sacudida por la rebeldía; otras por la incurable melancolía. La cantante norteamericana Bessie Smith sabía besar las palabras para encender el amor más allá de la doliente espera, y, aunque su rostro no era el más bello, sus ojos brillaban luminosos y decididos a escudriñar la vida

El dorado de la mañana se filtraba por la ventana sin barrotes. Ágil se levantó y al momento ya se estaba lavando la cara con el agua  de una jarra de porcelana pintada con flores y a la que  le faltaba el asa. De una silla, tomó el vestido malva zurcido en el cuello para con sus solo 14 años mal vividos salir a la calle. La esperaban los amigos de siempre: unos, adolescentes como ella; otros, hombres cansados, aunque con el deseo imperioso de continuar desandando caminos.

En  aquella barriada pobre  era así; días iguales a los otros. Tomaban por asalto  las calles más frecuentadas  para “hacer música”, acompañados del cornetín que Frank recogió de un basurero, pero que aún sonaba, o de la armónica que  Robert, había heredado del abuelo. A la inquieta Bessie  le correspondía cantar y lo hacía muy bien porque poseía un talento musical innato. A veces, algunos transeúntes se detenían a oírlos  y hasta les regalaban algunas monedas, que luego repartían equitativamente. Un atardecer, bajó de un automóvil, una mujer muy acicalada y después de escucharlos, los aplaudió con entusiasmo. A Bessie  se le aceleró el ritmo del corazón, cuando ésta, al abrazarla, le dijo: “Serás una estrella, una estrella”.  ¿Podría  ella salvarla de aquel mundo sombrío  en el que vivía?  Sí, resultó porque la familia de la muchacha no se opuso cuando la reconocida cantante  Gertrude Ma  Rainey le habló de la conveniencia de incorporarla a su compañía. Tiempo de duro aprendizaje, que Bessie aprovechó al máximo: Ma se esmeró en enseñarle cómo pararse con gracia en un escenario para  encantar al público, la riqueza de la vocalización y, en especial, a interpretar los más populares blues; no tardó la pupila   en adueñarse de un rico repertorio y convertirse luego  en una profesional de la música. Lo mejor: siempre cantó con el alma estremecida de sentimientos. Voz dolida, voz para acunar las nostalgias de una raza preterida.

Se llamaba realmente Elizabeth Smith y nació el 15 de abril de 1894, en Chatanooga, Tennessee, Estados Unidos. Esta chica regordeta, de piel intensamente negra, se distinguía porque manejaba la  música a  su antojo,  imprimía elegancia a sus interpretaciones y poseía una  clara dicción, con la que llegaba  a todos los públicos. Su conocimiento de la danza, había sido bailarina en la compañía de Moses Stokes, la hacía aún más completa.

Así tuvo su espectáculo en el Teatro 81 de Atlanta, aunque fue en 1918 cuando le llegó el éxito: Frank Walker, del sello Columbia, la descubrió y comenzó una importante colaboración con esa editora.

Algunos de sus biógrafos aseguran que antes ella grabó una canción con Thomas Edison, inventor del fonógrafo, que este decidió  descartar porque le pareció que no era lo suficientemente comercial. Mas, cuando en 1923, Bessie  grabó  Down Hearted Blues, se consideró que el mundo del jazz y el blues no volverían a ser el mismo. En esa fecha, su voz áspera y melancólica llevó a los surcos la estupenda melodía: Jailhouse Blues, que muchos críticos señalan como la aparición del blues clásico.  Llegó a grabar 160 canciones y estableció una cifra récord de ventas con lo que salvó a esa compañía, próxima a la bancarrota.

Saboreaba el triunfo ansiado,  era la cantante mejor pagada de su época; con la que los más grandes músicos  querían grabar, tales como Fletcher Henderson, Louis Armstrong, Joe Smith, James J. Johnson…

Fue la etapa de otra pieza clásica: St.Louis Blues, grabada con  Louis Armstrong, que destaca  el logrado equilibrio entre la interpretación vocal de Bessie y el solo de corneta del genial músico.

Viajó intensamente, y hasta tuvo su propio vagón en el ferrocarril.  El dinero le llegó abundante y no olvidó sus orígenes,  e incluso construyó un asilo para niños pobres.

Todo se derrumbó cuando se aficionó al alcohol y era difícil mantenerla alejada de una botella de whisky, tal vez, intentaba olvidar  sus turbulentas pasiones, la  desenfrenada vida amorosa; lo cierto es que perdió su fortuna. También influyó en su descalabro financiero la Gran Depresión.

Participó en  el musical Pansy, en Broadway que, no obstante su brillante actuación, devino  fracaso económico. Por 1933, adoptó el swing, e hizo grabaciones  con músicos  notorios como Frankie Newton y Chuck Berry.

LA TRAGEDIA

Cuando Bessie y su acompañante viajaban a Clarksdale, Missisippi, para un concierto, el auto tuvo un  violento accidente. Son varias  las especulaciones acerca de la muerte de la afamada cantante ocurrida  el 26 de septiembre de 1937.

Mientras unos aseguraban que falleció en el Afro Hospital, donde hubo que amputarle un brazo, otros han dado por hecho que murió desangrada al ser rechazada en tres hospitales para blancos; esta situación en esa fecha era común en el sur. Uno de los doctores que la atendió cuando lo entrevistaron  sobre la cantante guardó un obstinado silencio. De este doloroso suceso, surgió en 1959, la canción La muerte de Bessie Smith, de Edward Albee.

Chris Albertson, quien hizo un libro sobre La Emperatriz del Blues,  expresó que era muy difícil que un conductor negro de ambulancia  se atreviera a llevar a una paciente negra a un hospital de blancos. Al paso de los años todo ha quedado en una nebulosa.

La cantante volvió a ser noticia de primera plana cuando en 1970,  fue descubierto el sepulcro en el que reposan sus restos, que incluso carecía de  una lápida con su nombre. Dos intérpretes  que la admiraban y reconocían su influencia, Janis Joplin y Juanita Green, costearon finalmente la losa.

Bessie, quien  conmovió el corazón del mundo con sus blues, tan llenos de tristeza, vive en el legado de sus antológicas canciones, que guardan en cada historia, el  espíritu de una época.

RECUADRO

Su singular acento expresó las emociones de una raza oprimida. Considerada la cantante más influyente entre las décadas del 20 y el 30, protagonizó  en 1929 el cortometraje  St. Louis Blues.

 

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